
Sigo con los resúmenes de los temas. Lo llevo bastante bien. Pero es gracioso esto... según voy avanzando (este año los vemos en orden), los voy valorando y decidiendo si los estudiaré o no.



Que no me regañe nadie, ya sé que llevo unas semanas un poco vaga... ¿se nota? Este paroncillo se debe a que últimamente no hago "todo lo que debería". A causa de las fechas en que estamos (ya van haciendo falta unas vacaciones...) y que he estado algo liada con cosas del trabajo, lo tengo todo abandonado de mala manera. Esto ya tenía hasta telarañas...
Pero que no cunda el pánico. Las navidades están a la vuelta de la esquina, y voy a aprovecharlas bien (organizando el tiempo se pueden hacer muchas cosas). Ese va a ser mi propósito de año nuevo: llevarlo todo lo más al día posible. Lo mismo el día ocho de enero me doy cuenta de que los propósitos no sirven de nada, pero al menos creer que son factibles ayuda a llevarlos p'alante.
Esta semana me toca hacer una exposición oral (otra vez), pero como la profesora ha dado cita a más gente de la que realmente puede atender antes de empezar la clase, pues igual me toca esperar hasta el doce de enero para hacerla... No sé, ya se verá. Y ya os contaré, claro.

Está claro que este año estoy teniendo una "suerte" (nótense las comillas sarcásticas) que no me lo puedo creer. No contenta con haber tenido que hacer el práctico difícil de manera voluntaria (la profesora nos hace ser voluntarios, qué bonito, ¿verdad?), resulta que el sábado pasado me tocó hacer una pequeña exposición oral. Y sí, como soy la primera de la lista, era la primera pardilla que iba a sufrirlo.
Me encomendaron preparar un storytelling. ¿Que qué es eso? Pues una clase basada en un cuento, con actividades para antes, durante y después de leerlo. Así visto es bastante fácil. Y lo era, realmente lo era (bendita experiencia laboral) pero lo malo es... que, claro está, tenía que ser en inglés. ¡HORROR! Lo primero que pensé cuando me pusieron los deberes fue: la lengua se me hará un nudo y, con los nervios de tener que hablar en público, no seré capaz de articular una sola palabra. Y una vez más (qué poca confianza que tengo en mí misma), me equivoqué. No sólo fui capaz de hacerlo, sino que he re-descubierto que, cuando no me queda más remedio, es como si el idioma saliera solo. Lo cual tiene gracia, porque no es la primera vez que me doy cuenta de esto, pero siempre lo olvido. Así que ya está superado el mal trago, con algunos pequeños apuntes para futuras ocasiones (un par de cosillas a mejorar, otro par a añadir) pero salvado de manera más que digna.
Lo siguiente: no dejar aparcados los resúmenes de los temas (... no hay que dejar crecer los baobabs...) y, en cuanto nos den las pautas, comenzar con mi queridísima y vieja amiga la Programación Didáctica. No hay que perder las buenas costumbres...



Los meses previos a la tortura